Redacción Ciberadio
Sheen nació en Illinois en 1895 y murió en Nueva York en 1979. Fue sacerdote, obispo, teólogo, filósofo y autor, pero alcanzó una enorme popularidad por su utilización de la radio y la televisión como herramientas para la evangelización.
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Su programa televisivo Life Is Worth Living, estrenado en 1951, llegó a tener una audiencia de millones de espectadores. Sheen aparecía frente a una pizarra y hablaba sobre temas relacionados con la fe, la familia, la moral, el sufrimiento y la dignidad humana. El programa también atrajo a espectadores que no eran católicos.
En 1953 recibió un premio Emmy como personalidad televisiva destacada. En aquella edición se impuso a figuras como Edward R. Murrow, Jimmy Durante y Lucille Ball. Su discurso de aceptación se convirtió en uno de los momentos más recordados de su carrera televisiva.
Pero la beatificación no está relacionada con su éxito en los medios. Durante la ceremonia, el cardenal Tagle destacó especialmente su vida de oración, su relación con Cristo y su servicio a los pobres y a las misiones. También recordó que Sheen evitaba atribuirse las conversiones que pudieran producirse a través de su predicación.
La causa de beatificación estuvo vinculada a un hecho ocurrido en 2010. James Fulton Engstrom nació sin pulso ni respiración y, después de 61 minutos, recuperó sus funciones vitales sin presentar las secuelas que se esperaban. La familia había pedido la intercesión de Sheen. El Vaticano reconoció oficialmente este hecho como milagro en 2019, durante el pontificado de Francisco.
Con la proclamación realizada en San Luis, Fulton Sheen pasa a ser oficialmente beato de la Iglesia católica. La ceremonia también abrió una nueva etapa en su causa, mientras los fieles y la diócesis de Peoria ya rezan por su eventual canonización.
Su figura tiene además una particular relevancia para la comunicación religiosa: décadas antes de la expansión de internet y las redes sociales, Sheen utilizó medios masivos para llevar contenidos religiosos a una audiencia que trascendía las fronteras de la Iglesia.





